Podríamos decir que el inicio de un nuevo año no es nada más que una convención humana en el uso del calendario, sin embargo no podemos negar que la conclusión de un periodo y el inicio de otro produce en nosotros por lo menos una ligera renovación de nuestras esperanzas.
Pareciera que la noche del 31 de Diciembre se cerrara irremediablemente un libro, y el 1 de Enero se abriera otro para establecer una cuenta nueva con la vida.
No importa cómo hayamos terminado el año viejo, siempre esperamos que el nuevo sea mejor.
Nunca viene mal algo de optimismo, especialmente en tiempos como los que nos toca vivir.
Vale la pena mirar las páginas blancas de nuestra vida que esperan ser escritas.
Es bueno saber que tenemos oportunidad de hacer mejor las cosas.
No esperemos mañana para comenzar a transitar el camino de metas nuevas.
Hagamos en este 2010 lo que no hicimos hasta ahora en la vida.
Algún día notaremos la diferencia si desde hoy emprendemos las decisiones que tomamos anoche.
¡Hagamos que valga la pena haber vivido hasta hoy!